LOS HOMBRES SIEMPRE VUELVEN

De todas es sabido que los hombres siempre VUELVEN.

De hecho, esta misma semana ha vuelto el señor Iglesias a bombo y platillo de su baja de paternidad.

A ver, no nos confundamos. Me parece genial que se haya ido a cuidar a sus retoños, que para eso son suyos, pero de ahí, a que vuelva como un héroe olímpico por hacer una cosa que llevamos haciendo las mujeres años y años, va un trecho. Palmadita en las espalda para el señor Iglesias.

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Pero yo no vengo aquí a hablar de Pablo sino de los EX.

La afirmación de que el hombre siempre vuelve, es muy esperanzadora cuando aun estamos arrastrándonos en el fango porque nuestro hombre perfecto, amor de nuestra vida, la mejor persona que hemos conocido, el más guapo y el mejor en la cama nos ha dejado por una más joven, con las tetas más firmes y además se ha comprado un deportivo y se ha apuntado a aprender salsa cubana. ¡Quién le ha visto y quién le ve!

Pero por muy esperanzadora que pueda ser la frase, la cuestión más importante no es si vuelve o no vuelve sino para qué narices vuelve.

Para ilustrar los para qué voy a contar una cosilla sin importancia que me pasó hace unas semanas.

Estaba de vacaciones en Bilbao con mi amiga Cecilia y a las 9 de la mañana nos encontrábamos viendo el último capitulo de «Big Little Lies» (la razón por la cual cuando estás de vacaciones, a las 8 de la mañana ya has desayunado en lugar de estar durmiendo es tema para otro post relacionado con hacerse mayor ) cuando me llegó una notificación de Facebook.

La persona que me solicitaba amistad, ¡qué bonito!, se escondía bajo un perfil con nombre falso, foto de un actor o cantante nada conocido (la búsqueda por imágenes de Google es maravillosa), y un perfil prácticamente vacío en el que todo era privado.

Inmediatamente supe que era ÉL.

Lo acepté porque soy masoca y además muy cotilla y aunque dicen que la curiosidad mató al gato, al menos el gato murió sabiendo.

Y esperé. Y seguí esperando. Y esperé un poquito más.

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Y al tercer día, no resucité, pero le envié un mensaje haciéndome la tonta: ¿Te conozco de algo?

A los dos días me contestó:

Pero mujer, ¿no sabes quién soy? ¿No te acuerdas de mí? Soy Pepe.

Yo, toda digna le dije:

¡Ah! Hola Pepe

Y NADA MÁS.

Lo que viene después es una conversación intrascendente como la que sostienes con la vecina en el ascensor cuando vuelve de vacaciones. Que si qué tal, que si todo bien, que si me alegro de hablar contigo, que si blablablabla.

¡NI SIQUIERA QUIERE UN MENEO!

Lo único que quiere es llamar a la puerta y ver si sigues ahí. Por si acaso. Como si fueras un bikini metido en la maleta cuando te vas de vacaciones a la montaña.

Pero a nosotras, si nos pilla en un momento de bajón, nos hacen polvo y empezamos a darle vueltas a la cabeza. Y llamamos a una amiga.

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Mira, tía, que me ha dicho que se alegra de hablar conmigo, eso quiere decir que aún le gusto, igual es que está mal con su nueva churri, que es mona, pero más seca que la mojama, si es que conmigo seguro que estaba bien, pero me voy a hacer la dura, porque no se merece otra cosa, porque se ha portado conmigo de culo y ahora resulta que vuelve, pues mira, niña, se lo va a tener que currar, porque yo ya no soy la misma, ahora me valoro, ¿vale?, ahora me quiero más, mira, decidido, le voy a mandar un mensaje ahora mismo para tomar un café y le diré que no me escriba más, a ver qué pasa.

Y ya estamos otra vez en el fango.

Así que no te preguntes si los hombres vuelven o no vuelven, sino para qué vuelven, y generalmente la respuesta es la misma:

PARA NADA.

3 pensamientos en “LOS HOMBRES SIEMPRE VUELVEN

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