Hasta que lo entiendan.

No eras sus piernas las que se tenían que cerrar porque sentarse con ellas abiertas no era de señoritas.

No era su traje el que había que cambiar por uno con falda para ser más visible a los clientes.

No era su culo el que palmearon al entrar en el despacho del jefe.

No eran sus genitales los que manosearon cuando le pararon con la excusa de pedirle la hora.

No era su cara la que se llenó de semen cuando se empeñaron en terminar donde no había consentido.

No era su moral la que juzgaron cuando decidió que compartiría la custodia.

No era su pelo el que desaprobaron por ser demasiado corto.

No era su cuerpo el que dijeron que se había quedado demasiado delgado o demasiado gordo.

No eran sus piernas las que miraron por tener pelos.

No era su falda la que alabaron.

No era su miedo el que disfrutaron.

ERA EL MÍO, EL NUESTRO, EL DE ELLAS.

Por eso tenemos que seguir gritándolo hasta que lo entiendan.

Hoy, 8 de marzo y todos los días.

Un pensamiento en “Hasta que lo entiendan.

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