La ceremonia del té

Té moruno. rafaelparadela en Flickr

Paseo por una calle comercial de mi ciudad a cientos de kilómetros de la tuya. Camino distraída, absorta en mis pensamientos hasta que una tienda de flores y plantas llama mi atención. 

Abro la puerta y me adentro en ese universo de olores en el que mi olfato consigue distinguir uno en concreto que me traslada a tu cocina.

Sonrío, toco una hoja de hierbabuena y acerco los dedos a mi nariz. Cierro los ojos y te recuerdo. 

Tus movimientos eran lentos y ejecutabas cada acción con mucho mimo. Lo más importante – decías – es el ritual. Despacio, encendías la vieja cocina de gas y colocabas un cazo con agua para hervir. Luego, con gestos mil veces ensayados, preparabas la tetera traída desde Rif e ibas añadiendo los ingredientes prestando mucha atención. 

Primero una base de azúcar moreno, luego las hojas de hierbabuena y finalmente el té verde. 

Lo dejabas infusionar mientras me contabas que había que servirlo 3 veces. De la tetera al vaso y del vaso a la tetera. Y a la tercera, nos lo bebíamos, caliente, como nuestras charlas, suave, como nuestras miradas, dulce, como nuestros besos. 

La cocina se inundaba de aroma a menta y té, el mismo aroma que estoy disfrutando ahora.

¿Desea algo la señora? – La dependienta me devuelve a la realidad. 

Hoy no, le contesto. No voy ahora hacia casa, pero mañana volveré. 

Y así será, mañana volveré, a la tienda y a tu cocina. 

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba