Doble duelo

Duelo

¿Sabes lo que es un doble duelo? Seguro que sí. Todo el mundo ha tenido la mala suerte de experimentarlo alguna vez.

El duelo doble es inevitable, amigo. Llega un día en el que tienes la absoluta certeza de que algo malo va a ocurrir. Lloras, intentas asumirlo, pasas por todas las etapas pertinentes, y cuando crees que estás preparado para que suceda, ocurre lo que ya sabías, y el duelo vuelve a empezar. Por segunda vez, amigo. ¡Mierda!

¡Maldita esperanza que no nos permite cerrar capítulos hasta que están efectivamente cerrados!

Por eso lloro ahora, porque a pesar de haber hecho el duelo hace mucho tiempo, a pesar de haberle echado de mi vida, la constatación de que yo tenía razón es si cabe más dolorosa que el hecho en sí.

Siempre os ha gustado mi «súper poder«. Es divertido cuando no eres tú quién lo sufre. Tiene nombre, ¿sabes?, se llama hiperosmia.

Para vosotros, mis amigos, es tremendamente divertido oírme clasificar a la gente por su olor. Te ríes cuando alguien entra en la oficina y te susurro: «este tío ha follado esta mañana». Te pones alerta cuando te aviso: «este no es de fiar». Te encanta, os encanta.

A mí no, amigo. A mí no. Es una tortura. Esta bola de cristal con la que me meto en el interior de las personas me jode la vida. No me hace más feliz. A veces es mejor la ignorancia.

Ojalá hubiera permanecido ignorante aquella tarde en la que Luis y yo fuimos a aquella exposición. Ojalá no hubiera percibido el olor de aquella galerista. Y sobre todo, ojalá no hubiera notado cómo cambiaba el olor de Luis al mirarla.

Ojalá no hubiera sabido lo que pasaría.

Ojalá me hubiera enterado de cómo terminaba la historia como todo el mundo.

Ojalá.

Ahora, no estaría pasando por un doble duelo.

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