Te debo una canción.

Te debo una canción.

Una canción que siempre quise escribirte, aunque nunca lo hice.

Una canción como esas que compartíamos en YouTube, por turnos, ansiosos por enseñarnos esa parte de nuestro mundo desconocida para el otro.

Como las que escuchamos el día que bailamos con un sombrero puesto, que luego estuvo en la pared y ahora duerme en una caja.

Como aquella que nos sorprendió dando palmas en un bar de flamenco de un barrio de Málaga.

Te debo una canción como aquella que destripamos en un paseo interminable lleno de referencias, teorías peregrinas y argumentos contradictorios.

Una como esas que te canté alentada por el ron en el karaoke, mientras tú, escondías al mundo las lágrimas que brotaban de tus ojos.

Te debo una canción.

Tan entusiasta como aquella que sonaba cuando entrábamos a ese garito infecto en el que conocimos a tanta gente extraña.

Como las que escuchábamos mientras cocinábamos medio desnudos en pleno verano. 

Como la que bailábamos medio enredados intentando seguir cada uno el peculiar sentido del ritmo del otro.

Te debo una canción.

Tan sugerente como aquella que sonaba en julio mientras recorrías mi cuerpo por primera vez.

Tan perdida como la de aquel CD embalado que no logré encontrar a tiempo.

Te debo una canción que hable de peces, de estatuas, de revoluciones.

De tomar el sol, de besarse en la boca o en la nariz, del día a día y sin embargo de la noche colgados en un bar.

Te debo una canción en español, en inglés o un un idioma inventado.

Una canción romántica, marchosa, rara, instrumental, íntima o rockera.

Te debo una canción que no te hice. Divertida, íntima y personal. 

Te debo una canción, que no te haré. 

Porque por más que lo intento, no soy capaz de recordar aquello que tenía que decirte.

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